Depauperados y vuelta a empezar
Parte 1
Cuantas veces habré abierto el cuaderno, el documento del ordenador, la aplicación de mis aparatos electrónicos pensando en desarrollar una idea. Pensando “este es el momento, hoy a hacerlo”. A escribir la carta maldita que sentencie una relación entre el indigno de mi padre, a poner puntos sobre íes en una relación, a hacerme un lavado de conciencia, a ponerme a olvidarte del todo manchando tu integridad.
Intento siempre sacarme historias en las que al hablar, no tenga que nombrar estas nuevas tecnologías. No tener que contar que entré en el Facebook y me encontré con un muro vacío, ni un eco de mis llantos, o que entré y te vi a ti, le vi a él y otros pidiéndome amor y pidiéndome citas y pidiéndome cariño barato. Sí, de ese que nos ha salido tan caro.
Y entonces empiezo a mover los dedos y la maraña de cables, realidades y ficciones tangibles de la que se compone mi cabeza. Empiezan a brillar, tanto tanto que no veo. Y tengo miedo de enfrentarme a mi pasado, a mi familia y resisto a decir que he perdido la batalla de lo filial, y salto a otro cable y no sé si enfocar mi historia de amor desde el cariño o desde el reproche y automáticamente y semiconsciente me encuentro aquí, frente a ti. Tan corriente.
Recuerdo el día que te cogía de la muñeca izquierda con mi mano derecha con dilección frente a frente y tirando de ella hacia mí en un gesto de simpatía y confesión vulnerable, con mi mano izquierda en tu pecho te empujaba hacia atrás al mismo tiempo y decía, “Déjame en paz, vete, vete”. Mientras sonreía y me dejaba mirar y admirar por ti. Desnuda y graciosa por ti.
Y retomando lo medio tomado, me “hace gracia” y discúlpame por no buscarle una forma lírica a esta expresión, pero es que es así de sencillo…la forma en que todo empezó. Me has liado y mareado del todo, y lo sabes y te encanta. Y como todo hombre depredador en cuanto dejas de oler mi miedo, vuelves a atacarme y a desvalijar mis planes.
No pensé que me iba a gustar ir a un recital de poesía. De hecho y con más escarnio, tuve que ir sola. Iba temblando al pensar que yo solamente era una lectora de poesía de salto en salto, de las noches sin plan, de mi refugio. Empiezo a detestar esa palabra. Antes la usaba yo y ahora la usa hasta el más tonto. Leer poemas era como cuando estas tumbado en la cama y pegas el edredón a la silueta y sientes calorcito. La verdad es que en la primera velada tan solo me engrandeció ver que hay mucha gente a la que le gusta la poesía. De veras pensaba que era una cosa de unos pocos muy pocos y que no había poemas contemporáneos que pudieran gustarme. Y me llevé un bofetón con todo el gusto del mundo. Lo otro que me encontré fuiste tú. Perdona que te cosifique, pero qué menos.
No te gusta que te lo recuerde, y de hecho cuando quieres joderme de mala manera, lo usas. Pero en el recital me caíste como un buche de leche tras una tapa de boquerones en vinagre. En mi adormilamiento rutinario me vi frente a ti esquivando balazos para no caer en tu batallita de guerrero sabelotodo. En tus flechas cargadas de vicio afable me rasguñaste y esa noche, medio cabizbaja me fui con la sangre al aire escocida en una noche de verano de vuelta a mi apartamento. Sola.
Así que me pasé toda la noche preparando mi defensa cuando quizás debería haber preparado un contraataque. Parece mentira que tú escribas poemas, la poeta soy yo, y tú nada más, mi poesía. Al día siguiente me centré en ponerme mis mejores galas de Xena y me dirigí al recital. No te busqué con la mirada, pero noté que tú a mí sí. Así que me desarmó eso un tanto.
Me temblaron las piernas al ver que el organizador nos preguntaba uno a uno el poeta que más nos gustaba. El nudo de mi garganta al no reconocer ni uno solo de los nombres que allí se decían, podía por su propio peso haberme hundido bajo tierra, que era lo que más deseaba en ese momento. Desaparecer por un hueco bajo mis pies. Llegó tu turno y llegó mi turno y no fue nada como para pararse un segundo en mí. De pronto estaba integrada en el grupo. Aunque sinceramente se me había olvidado aquello de estar alerta para desenfundar y ponerme a machetazos contigo. Pero entonces llegó tu táctica de segundo asalto ...
Continuará

Cada día me gustan más esas "ficciones tangibles" precisamente por la contrariedad, que curioso es, para ti, Mina "ficciones tangibles", para mi, en este caso realidades que se escapan entre los dedos.
ResponderEliminarVeo el edredón, es como el mío y también he sentido el calor que describes.
De la poesía no puedo hablarte, no porque no sienta, sino porque no se como explicarlo, ya hemos hablado de eso en alguna otra ocasión .
El resto Mina, es vida. Vida intensa, miserable, amorosa, asquerosa, VIDA.
Yo también Continuaré.